Es tan absurdo este modo de “ayudar” a la gente que el portavoz del
Presidente resumió allí mismo la negativa historia de la tragedia anterior,
el deslizamiento de Retamani hace un año, como la desaparición de otro
millón de devaluados dólares, esa vez entre los pasillos de la Alcaldía
Municipal de La Paz.
El que Juan sin Miedo (pero ya no sin dólares ni mucho menos) haya estado a
cargo de recibir, administrar y aplicar ese millón en beneficio de los
damnificados de Retamani y lo hiciera tan bien que nunca se supo dónde fue a
parar esa fortuna no es lección alguna para Morales: como si fuera rey y no
Presidente, Evo continúa una de las peores costumbres del caudillaje
tradicional y regala plata ajena como suya. No es suya, claro, sino del
estado, es decir del pueblo boliviano; si viviéramos en un país civilizado,
Evo sólo podría regalar la plata que lleva en el bolsillo y que es suya
fuera de toda duda. Para regalar dólares tendría que pedir permiso al
Legislativo, por lo menos.
Pero, Cochise del Siglo XXI, allá va ese indio simpático regalando millones
como si fuera Melgarejo y no el socialista más convencido del Orkojahuira.
Ya veo a Fidel regalando dólares devaluados a los cubanos. ¿Por qué no puede
Evo aprender de Fidel sus mejores costumbres? No es cosa de ir a abrazarlo
de cuando en cuando sólo para comprobar que continúa su avance hacia la
categoría de cadáver.
Pero, bueno: dada la inmensa cantidad de divisas que maneja el régimen y la
bonanza sin paralelo de que gozan hoy los bolivianos y habla su prensa
diaria, podemos olvidar eso tres milloncetes como lo que son: granos de
arroz ante los satélites, los aviones para la guerra contra Chile y otras
necesidades vitales de nuestro pueblo, acostumbrado a vivir de agua y aire.
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Lo hacemos porque, si comparamos las tareas que Bolivia espera de Morales y
que son en extremo urgentes, ya no lo llamaremos Evo sino Hércules Morales:
es necesario “bolivianizar” a SRZ, es necesario salvar a LPB, hoy asfixiada
por la marabunta humana que ocupa hasta el más vertical de sus cerros, y es
necesario decir la verdad verdadera sin miedo ni terror a los nuevos
paceños: se necesita ser imbécil para construir casas de uno, dos o más
pisos en lugares como Retamani o Huanu Huanuni, despeñaderos de greda que se
lavan como cualquier castillo de arena apenas hace pis por allí una guagua.
Yo lo sé de primera mano: pasé mis primeros años entre esos cerros jugando a
los indios y vaqueros contra niños indios y mestizos entre los que rompí más
de una cabeza con mi honda, mi “flecha” capaz de lanzar piedras del tamaño
de un huevo de paloma y mi mano izquierda, ya por entonces famosa por mis
lances de beisbol. Trepé por las chimeneas de greda, rodé al deshacerse esos
cerros y me laceré rodillas y cara más de una vez. En cerros iguales del
sur y el este de LPB hubo deslizamientos desde los tiempos de Bautista
Saavedra, de modo que sé que ningún paceño de pura cepa construiría jamás su
casa en semejantes lugares.
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No se necesita ser paceño, sin embargo, para darse cuenta de esos peligros:
basta con tener ojos y el cerebro de un caracol africano. También se
necesita gónadas para ser Presidente y decir a los damnificados de Retamani
o Huanu Huanuni: “No sean ustedes levudos, cholos. ¿No ven lo que ha pasado
ya antes? Hubo derrumbes por todas estas partes. Váyanse al Plan Tres Mil y
crezcan con el país. La Paz ya no aguanta más gentes. Miren con los ojos,
piensen con la cabeza y váyanse al Oriente, pues”.
Mas fácil que decir eso es decir: “Les regalo dos millones que verán el día
de San Brando, nadie sabe cuándo… Bueno; ya está. ¿Cómo va lo del satélite
aimara?”
Pero las tareas de Evo continúan allí, como grandes desafíos para el Katari
del Siglo XXI: La Paz se asfixia bajo el peso del lumpen andino; Santa Cruz
sigue siendo enemigo de Morales y emporio del sarao; el Titicaca es desde
hace una década la bacinilla más grande del planeta gracias a El Alto, la
Chicago de Indoamérica….
Pero, sobre todo: seis de cada diez bolivianos son miserables hasta un
extremo increíble: nada ha cambiado en ese sentido desde tiempos de Katari
ni desde 2005.
Si la solución de tales problemas es andar regalando dólares como si
fuéramos jeques árabes, necesitaremos de otros dos o tres siglos para dar
un dólar devaluado adicional a cada boliviano pobre; en otras palabras,
Bolivia es, tal vez, otro estado fracasado, sin solución.
Es que Cochise nunca hubiera podido gobernar un estado moderno, por muy buen
caudillo que fuera. Pero, eso sí: fue un gran jinete.