MILES
DE ARGENTINOS
Y BOLIVIANOS SOBREVIVEN
PASANDO MERCADERIAS
|
Historia de
explotación (Agencia
de Noticias Copenoa)
La
falta de trabajo, genera
miles de desocupados,
la frontera no logra
dividir a los pobres
de Argentina y Bolivia
que apresurados cruzan
el puente internacional
para pasar una bolsa
de harina, o de maíz,
que el patrón
del momento comercializa
hacia Bolivia. Por resolución
ya no son bagayeros,
son los nuevos usuarios
del régimen de
trafico vecinal fronterizo,
como si el nombre pudiera
ocultar la realidad
de mujeres, niños
y hombres explotados,
que usted puede ver
en la frontera, con
sus grandes bultos en
sus espaldas. Los gobiernos
de Argentina y Bolivia,
trabajan conjuntamente
controlando este sistema
de explotación,
en donde el hombre sufre
diariamente la marginación
y exclusión de
las ganancias de un
estado devenido en explotador.
El
chiquero
Cuando
se cruza el puente internacional,
desde Argentina hacia
Bolivia los rostros
de sufrimiento y dolor,
siguen siendo los mismos
que en argentina. Estos
rostros, cruzando la
frontera, estos organizados,
las bolsas de harina,
maíz, estan acopiadas
en un gran baldío.
Don Antonin Estrada,
es el presidente de
la Asociación
de bagayeros de San
José de Pocitos
boliviano”.
“Bienvenidos
al chiquero, es el nombre
de este lugar”
dice Estrada, “la
personas que usted esta
viendo, son cargadores
que utilizan una franquicia
otorgada por el gobierno
Argentino, nosotros
cargamos la mercadería
que se compra en su
país. Los comerciantes
Argentinos y Bolivianos,
son los que deben tributar,
nosotros no tenemos
responsabilidad, somos
cargadores”.
Don
Antonio es un reconocido
luchador social de la
zona. La franquicia
es el resultado de la
lucha al gobierno Boliviano
y Argentino, para contrarrestar
la desocupación
en aumento en ambos
países, nos aclara.
Dejando en claro que
“el gobierno Boliviano
debe generar puestos
de trabajo genuinos,
no eventuales y explotadores
como el bagayero”.
70 CENTAVOS POR PASAR
UNA BOLSA DE HARINA
Una
humilde mujer boliviana,
que trabaja de bagayera
en la frontera, acepta
dialogar con la Agencia
de Noticias Copenoa,
la entrevista la realizamos
en frente del puente
internacional que une
la Argentina con Bolivia,
mientras conversamos
observamos la mirada
atenta de un grupo de
gendarmes, que luego
le preguntaran a la
joven bagayera sobre
nuestra consulta periodística.
¿Ud es bagayera?
Si
yo soy bagayera, mi
trabajo consiste en
pasar bolsas de harina,
de maíz especialmente,
este trabajo lo realizo
por necesidad acá
no hay trabajo señor.
¿Cuanto
le pagan por pasar bolsas
de harina?
Gano
dos bolivianos con veinte
centavos, al cambio
en pesos argentinos
seria como 70 centavos.
Tengo que pasar las
bolsas de harina hasta
Bolivia, las bolsas
son de empresarios que
traen la mercadería
en camiones hasta la
frontera. Ellos nos
dan las facturas para
poder pasar como si
la mercadería
fuera nuestra, para
la bolsa de harina nos
dan facturas por un
monto de 45 pesos, con
la misma pasamos utilizando
la reglamentación
de trafico fronterizo.
Los empresarios nos
contratan para este
trabajo. Finaliza diciendo
la joven mujer.
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LA
EXPLOTACION DEL
HOMBRE POR EL
HOMBRE
|
Raúl
Oscar Matwrejuk, es
el jefe de la Sección
Resguardo de la División
de la Aduana de Pocitos,
Salvador Mazza. Amablemente
accede al dialogo con
la Agencia de Noticias
Copenoa. “La resolución
aduanera establece que
el usuario del régimen
de trafico vecinal fronterizo
pueda sacar hasta 150
dólares en mercadería
por este régimen”
comenta el funcionario
aduanero, agregando
“Lamentablemente
hemos detectado maniobras
de irregularidades,
las cuales fueron denunciadas
en los juzgados federales
de Salta, los denunciados
por evasión impositiva
y contrabando son empresarios
que figuran como operadores
de cereales”.
El
funcionario de aduanas,
detalla como se concretan
las maniobras de evasión,
que incluyen talonarios
de facturas que son
impresas en Bolivia
e ingresan ilegalmente
a la argentina, para
luego ser utilizados
por los bagayeros. Aclarando
que en la frontera se
puede presenciar día
a día, la explotación
del hombre por el hombre.(COPENOA)
Parecen
mulas de carga capaces
de soportar sobre sus
espaldas lo que sea,
hasta el límite
de lo indecible, acomodando
el dolor al cuerpo,
los calambres al próximo
paso, la respiración
al último tramo.
Suena de la peor manera
decir que una persona
puede convertirse en
eso, en una bestia de
carga. Pero es la descripción
más literal de
los paseros o bagayeros
del norte. Hombres mujeres
y niños, explotados
y reducidos a lo infrahumano,
por una paga que solo
compensa el pan de cada
día. Porque el
siguiente también
tendrá su peso.
Así de mal paga,
cruel y anónima
es la subsistencia de
unas 4000 personas.
No es casual que se
muevan en la frontera,
donde llegaron corridos
por el desempleo y la
necesidad extrema, expuestos
a cualquier mal, malqueridos
de todo sistema, desamparados.
Son parte de la frontera
real que es también
metáfora de los
territorios difusos,
donde todo se diluye,
y por lo visto también
puede desaparecer el
derecho de lo humano.
Es acá entre
la localidad argentina
Salvador Mazza y la
boliviana de San José
de Pocitos, donde pinta
a diario ese cuadro
de necesidad extrema,
donde los hombres se
doblan para estibar
el peso de los otros,
bajo la mirada de todos.
Se los llama paseros,
bagayeros, pasadores,
portadores. Pero cualquier
sinónimo suena
apuro eufemismo cuando
se los ve apiñados
en ese brete humano,
con sus lomos jorobados
por bolsas repletas
de maíz, trigo,papas,
cajones de cervezas,
gaseosas, alimentos
enlatados. O de lo que
sea.
Son
miles que van con sus
cuellos estirados hacia
delante como queriendo
alcanzar un final que
no llega; la espalda
vencida hacia el piso;
los rasgos desorbitados
por la fuerza demoledora
que aplasta y druje;
los pasos cortos y rápidos,
en ojotas gastadas o
sandalias que avanzan
a la velocidad que imprime
la carga. Sin que otros
detalles como la edad
o el género,
si es una mujer magra
o con panza de embarazo
aqvanzado, sean impedimentos.
Son simples transportes
de carga, que sirven
para que comerciantes,
bolivianos y argentinos
hagan sus negocios.
As autoridades aduaneras
calculan que unas 300
toneladas de trigo por
ejemplo, pasan todos
los días en los
hombros de los cargadores
rumbo a territorio boliviano.
Son unos 30 mil dólares
que no pagan tributos.
Salvador Mazza, Salta.
El límite dibujado
de una geografía
verdosa. La Frontera,
así lo indican
su fisonomía
y el pulso de la ciudad.
Y ese desfile militar
que celebra los años
que pasaron desde que
la Gendarmería
argentina se apostó
allí. Un paisaje
de montaña cubierta
dse una vegetación
subtropical completa
el cuadro, hace frio,
una excepción.
Lo habitual son 40 grados
a la sombra. Inevitablemente,
los ojos de la ciudad
están puestos
en el Puente Internacional
que le separa, como
si se pasara por una
simple puerta a la vecina
San José de Pocitos,
territorio de Yacuiba
en el lado boliviano.
En el puente es la boca
que respira, expulsa
y vitaliza. Las calles
principales desembocan
repletas de comercios,
locutorios y puestos
callejeros donde se
vende ropa, CDs, juguetes,
la fritanga que empieza
a invadir apenas sale
el sol, los diarios
que se editan en ambos
lados, camiones cargados
de gasoil, esperan que
el día termine
porque es una misión
imposible pasar la frontera
con bagayeros cruzándose
delante de las ruedas
y esquivar los puestos
de viandantes que comercian
sobre la avenida Tarija
que se estira ya en
terreno boliviano. Un
informe reciente del
comité de frontera
bilateral dice que por
ahí desfilan
unos 25 millones de
dólares al mes,
en su mayoría
a bordo de camiones
cisterna que llevan
gasoil de Argentina
a Bolivia. Está
a la vista que ni un
céntimo de ese
dinero recayó
sobre esas calles, en
pésimas condiciones.
Y ni que HABLAR DE HIGIENE,
en una zona donde cada
tanto se alerta sobre
cólera, dengue
u otra epidemia.
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LOS
PRIMEROS ALBORES
DEL DÍA
|
El
día apenas despunta,
pero ya el aire huele
a grasa y vapor. Los
bagayeros desayunan
una suerte de guiso
que se cocina a fuego
lento en las veredas,
de un lado y del otro
de la frontera. Y esperan
en la puerta de los
depósitos o repartidoras
de Salvador Mazza, donde
los camiones cargados
de granos se fraccionan
en bolsas de no menos
de 50 kilos, que van
a ser transportadas
a lomo de hombre.
Por
cada camión de
cereales que se fracciona,
trabajan unas 72 personas.
Y alrededor de 6.000
se benefician de todo
el circuito, entre bagayeros,
estibadores, e intermediarios
tanto argentinos como
bolivianos. Todos en
negro sin ninguna cobertura
social o de salud.
Del
depósito al paso
fronterizo, las bolsas
se llevan en unos carritos
empujados por estibadores,
muchos son menores.
Y antes de cruzar, se
las cargan sobre los
hombros de los bagayeros
que pasan en fila india.
No siempre es un tránsito
tranquilo. Cuando hay
mucha mercadería
para pasar, los bagayeros
buscan cruzar la frontera
la mayor cantidad de
veces que sean capaces.
Entre el apuro de ellos
y cierta intolerancia
de los funcionarios
aduaneros y gendarmes
argentinos, empiezan
los problemas. Vienen
los empujones que les
hace chocar la cara
de uno contra la bolsa
de otro
Esta
intolerancia se manifiesta
cuando los gendarmes
les tiran las bolsas
al piso o se les arrebata
de un manotazo las gorras
que usan las cholitas,
con actitudes y palabras
de desprecio y mal trato,
simplemente por “no
hacer una fila ordenada”,
se supone que los paseros
deben presentar en la
aduana la boleta de
la carga que lleva,
algo que en realidad
tiene sus dificultades.
Pero hay veces que los
funcionarios se ponen
más celosos que
de costumbre. En el
Consulado Boliviano
de Salvador Mazza, abundan
las denuncias cntra
aduaneros y gendarmes
por violencia y discriminación.
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UNA
CRUDA Y AMARGA
REALIDAD DESCUIDO
DE LOS GOBERNANTES
|
El
mismo bagayero desde
que tiene uso de razón.
Por todo el playón
hay chicos que ensayan
juegos expuestos a cualquier
peligro. El más
próximo que una
bolsa se les caiga encima.
Mal alimentados, a la
intemperie, muchos sin
escuela. Ruth Evelyn
es una beba de pocos
meses que llorisquea
en un carrito de madera.
Su hermanita Doris no
sabe cuanto tiempo tiene
la beba, ni cuantos
años tiene ella
misma. Pero igual esta
ducha en eso de alimentar
a bebés, mientras
su mamá va y
viene cargando bolsas
en su aguayo o qckepírina
(un manto típico
de las mujeres andinas).
Hernán Mamani,
su esposa Cristina,
su Madre y sus hijas
de 14 y 15 años
forman una familia que
se dedican al bagayeo.
#Buscamos pasar unas
50 bolsas como mínimo
al día. Pero
no es fácil”,
cuenta Hernán,
un hombre magro y mediano
y para eso la familia
madruga en Barrio Nuevo
a 3 kilómetros
del puente, adonde llegan
a pie, Cristina su mujer,
ya tiene el cuerpo adormecido.
Dice que ya se acostumbró,
las bolsas deben pesar
lo mismo que su propia
carne y su salud se
resquebraja a la par
de todos, con dolores
intensos en la columna.
Los bagayeros evitan
el hospital porque les
cobran. Visitan a los
hueseros que alivian
los dolores con algún
ungüento. Y acomodan
las articulaciones como
pueden.
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UNA
SITUACIÓN
DE EXPLOTACIÓN |
El
crecimiento de esta
forma de trabajo se
dio por la desocupación
boliviana y la devaluación
Argentina.
La
Organización
Internacional para la
Migraciones (OIM), también
se ocupo de los bagayeros
de Mazza Yacuiba, sobre
todo a partir del fin
de la convertibilidad,
en ese momento cambiaron
las relaciones de frontera.
Porque cambió
el factor comercial
y de bienes tanto para
aprovisionarse, comprar,
vender o trabajar, analiza
Lelio Mármora,
Director de la Maestría
de Políticas
Internacionales de la
UBA y ex representante
de la OIM ante el Cono
Sur. para entonces,
el cierre de las Minas
de Potosí y la
crisis del campo boliviano
habían expulsado
a miles de bolivianos
hacia las grandes ciudades
y a la frontera. La
devaluación del
peso argentino invirtió
definitivamente el movimiento
fronterizo. Por eso,
desde la OIM se analizaron
seis pasos internacionales
argentinos. Pero fue
en Mazza-Yacuiba donde
se encontró “Una
situación de
extrema pobreza de explotación
y de trabajo infantil,
más dramática
que en otros puntos
analizados”. Para
mármora, los
paseros están
sometidos por necesidad
extrema “un trabajo
inhumano que va más
allá de las capacidades
físicas y que
afecta su esperanza
de vida”.
¿Se
trata de un problema
sólo Boliviano?
o ¿es un problema
bilateral?
Es cierto que es un
problema fundamentalmente
de los bolivianos que
pasan la frontera. Pero
la solución es
bilateral. No importa
el número, sino
que están siendo
explotados y son tan
valiosos como si fueran
millones.
¿Se plantearon
soluciones?
Se dieron algunas pautas,
la solución es
un desarrollo sustentable
a escala, como el turismo
rural o el cultivo de
hierbas aromáticas.
Se trata de encontrar
la manera de producir
sin tener que emigrar.
(fotos
y texto revista VIVA)
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