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3/7/2005 
* Manuel Suárez
* www.prodemos.boglia.com

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Un análisis Político muy profundo de nuestra realidad

EL DESAFÍO DE LA MODERACIÓN


* Manuel Suárez
Análisis político efectuado ante CAINCO de Santa Cruz. El autor es Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid)

"...Nosotros vivimos hoy un enfrentamiento sustancial que definirá el futuro. El de todos y cada uno de los aquí sentados. Que nadie, por favor, crea que está salvo.
Lo curioso es que estemos perdiendo semejante batalla. Es mentira que en Bolivia vivimos un empate. En Bolivia vivimos el triunfo de la radicalidad..."

El embajador Víctor Fagilde impone la Encomienda de Isabel la Católica a Manuel Suárez ávila.

Para ubicarme, digo lo siguiente: este es un sitio al cual, el grupo de empresarios más notables del país, invita a un tipo para hablar de política.

¿A qué viene el que estos hombres de éxito, quieran dedicar unos minutos de su tiempo a esa cosa llamada la política?

¿Se trata esto de una reunión para hablar de filosofía y teoría política? ¿De qué se trata y en qué estamos, para que esta charla tenga lugar?

Señores. Estamos en plena batalla. De eso se trata. Esa es nuestra circunstancia. O para ser exactos, es la vuestra.

Aquí y ahora se está librando una batalla. Una que, nada menos, pone en juego no sólo un modo de ver la vida –el modo vuestro— sino que aún peor, pone en juego vuestros intereses y certezas.

O sea, aquí hay un despelote y tras él, una amenaza que ya llegó a las puertas de cada casa. Y por eso quizá se explique el que hoy --en vez de hablar de cosas más productivas y divertidas— nos veamos aquí, hablando de política.

Estamos en una lucha clarísima por el poder. No es por gas, no es por tierras, no es por coca, no es por moral. Es por poder.

Toda sociedad que se precie anda en disputas por el poder. Pero hoy, la nuestra es esencialmente, lucha por el poder.

Nuestro tiempo y nuestro desafío consiste en pelear el mando. En otros tiempos y en otras sociedades, si bien hay constantes disputas de poder, ocurre que aquel disputar, no es lo sustancial de la vida pública. Son tiempos y sociedades que ya libraron su última batalla. Ya tienen ganadores y perdedores. Ya tienen ley y modo de vida definitivo y por eso, sus discrepancias por poder, además de estar normadas, no discuten lo esencial.

Son sociedades que, en realidad, ocupan el mínimo de su tiempo en política y el resto lo dedican a vivir, a producir, al arte, la filosofía, el sexo y en fin.
Nosotros no. Nosotros vivimos hoy un enfrentamiento sustancial que definirá el futuro. El de todos y cada uno de los aquí sentados. Que nadie, por favor, crea que está salvo.

Lo curioso es que estemos perdiendo semejante batalla. Es mentira que en Bolivia vivimos un empate. En Bolivia vivimos el triunfo de la radicalidad.

Y por supuesto, la derrota de la moderación. Está ganando lo radical. Gana el populismo demagógico. Gana, en el mejor de los casos, la anarquía. Y señores, están perdiendo ustedes.

Está perdiendo la visión occidental de la vida --occidente en el sentido hemisférico--, están perdiendo las gentes y los intereses que confían en el mercado, en la democracia.

Y a esta altura, discutir en torno a las razones metafísicas o ideológicas de cada bando en contienda, es truco. Truco de la misma contienda.

Los que van ganando, los radicales, nos dirán que andan en esta batalla porque hace 500 años que no sé qué, porque la tenencia de tierras es inmoral, porque los blancos son malos de toda maldad, porque todos los políticos son una manga de corruptos y porque las transnacionales viven de y para saquearnos. O sea, nos insultarán con estilo y desde argumentos antropológicos, metafísicos, emocionales. Lo que no nos dirán y que nosotros debemos saber, es que los radicales están en esta batalla con el fin estupendo de tomar el poder.

Y que no pregunten de nuestro decir filosófico –el decir de la visión occidental de la vida--. Porque, les aseguro. No conozco uno que en Bolivia pueda, sin trucos, debatir conmigo en torno a la legitimidad de nuestras posiciones. No crean ustedes que en pensamiento y discusión somos mancos. Al revés, si algo no hemos perdido, es la razón.

Pero a los fines de esta batalla, unas justificaciones y las otras, son sonseras. Aquí, en plena batalla ya no sirven los discursos de legitimación, ni las discusiones bizantinas sobre quién tiene la razón ética. Aquí y hoy, es sitio y hora de la estrategia y la táctica. De la victoria: si esta es políticamente posible.

¿Tiene la moderación una estrategia ante esta circunstancia que es su terrible arrinconamiento?

Ubicándonos en el tiempo. Desde la guerra federal, las elites paceñas gobiernan el país. Elites mineras y burocráticas. Hasta el 52 manda la oligarquía del estaño. El 52, aburguesó o democratizó ese poder oligárquico. Pero no cambió ni mucho menos, el eje geopolítico. La Paz continuó como raíz de lo público.

El 52 cae la oligarquía paceña; sube la burguesía paceña. Esta es también minera y se refuerza con la nueva burocracia estatal. La del 52, es revolución que afecta y crea Lo Nacional, pero esencialmente, es revolución colla.

O sea, hace 100 años que las elites paceñas y sus instituciones, FFAA, partidos, burocracia, sus relaciones con los norteamericanos y en fin, controlan el país. Fíjense. El último proyecto grande que ejecutó el poder minero y paceño, fue la llamada democracia pactada o de los partidos. Un gran proyecto burgués.

Por tanto, en 100 años, tenemos unas elites collas que hacen el país que conocemos. En parte, también, hacen al oriente que conocemos. Eran elites poderosas, mineras, a veces brillantes, feas como ellas solas, pero muy experimentadas en política y metidas a fondo en la burocracia, hijos de presidentes, de ministros… en La Paz, la familia que menos puja, caga un canciller. Perdonen el francés.

Pero esa gran tradición de elites paceñas --a la cual hay que reconocer sin egoísmo alguno, el mérito de sostenerse al mando por un siglo--, esos poderosos proyectos de poder, se nos ha cansado. La quiebra de la minería a fines de los 80, los aniquiló.
Y ya desde los 90, la hegemonía de poder paceña y así boliviana., pierde aquella estructura económica y minera que la sustentaba y simplemente mantiene la técnica de la política y lo que es fundamental, mantiene al gran aliado del orden durante los últimos 60 años: la política exterior norteamericana.

Porque desde la segunda guerra el orden político boliviano se amarra a la relación con los gringos. En el comienzo, el nexo fue estaño y goma para la guerra. Tras el 48, el nexo fue la guerra fría y las políticas de seguridad hemisférica. Así sobreviven la Revolución, Barrientos, Bánzer. Después, los 80 y la democracia como buen modo de enfrentar al comunismo. Y finalmente, la lucha contra el narcotráfico. Y Bolivia --y su orden político-- , ligada más que nunca a los EEUU.

La cosa cambia a fines de los 90. La cocaína boliviana deja de ser un problema político para los gringos. Cae el tráfico proveniente del mundo andino y cae el consumo interno en USA. Pero además, Sudamérica, como espacio comercial, se ve desplazada por China. Y como espacio de seguridad, remplazada por el Medio Oriente. En la esfera norteamericana, sólo queda México, Centroamérica, el Caribe, Colombia, Venezuela y Chile. EEUU está fuera de Bolivia, o si quieren, Bolivia, fuera de EEUU.

Así entramos al nuevo milenio. La elite paceña destartalada en productividad, el padrino exterior ausente, una crisis económica coyuntural muy agravada, y un importante desgaste del sistema de partidos: falta de credibilidad, corrupción y en fin.

Pero aún hay más en este inicio de siglo. La cuestión alteña. El Alto es el fenómeno de poder más importante de nuestros últimos tiempos.

Crecimiento demográfico impresionante, Desempleo descontrolado, indicadores de pobreza alarmantes, imperio de la informalidad, y acceso casi universal a televisión y radio. El caldo de cultivo perfecto para eso que los sociólogos gustan llamar “el malestar social”. Y miremos su dimensión concreta de poder. El Alto, urbaniza y así, homogeniza la acción política. Aparece un muevo tipo de revuelta urbana, la multitud alteña. La mejor revuelta se hace con gente que se concentra.
la mejor concentración, ya no es la mina, ni la fábrica, es el vecindario. Pero además, esa vida urbana en El Alto, dadas las nuevas carreteras, se mezcla ágilmente con el Altiplano rural. La alianza campo ciudad se materializa. Es el aporte de mi amigo Felipe Quispe.

Por otro lado, las dirigencias de El Alto, han articulado con éxito un discurso y un movimiento radical, orientado a crear Identidad. Orientado a fundar eso tan esencial en la lucha política: el yo y frente al yo, el enemigo.

Identidad racial, frente a los blancos y mestizos. E identidad combativa -- desde el malestar, desde la frustración, desde el desempleo-- frente a ricos, extranjeros y gobernantes.

Aquí, un detalle. La tal identidad es cosa numéricamente reducida en El Alto. Pero aún así, es la única.

Finalmente, lo más serio en la lectura política de El Alto. Su ubicación geoestratégica. La más óptima posición de toma física de la capital política de Bolivia. Posición topográfica elevada, control de accesos a la ciudad y al palacio, control del aeropuerto, y de salidas carreteras, de la producción y distribución de energía y agua, y de gran parte del abastecimiento alimenticio de La Paz. O sea, El Alto tiene el poder en la mano.

Bien. Resumamos. El nuevo milenio, muestra la crisis productiva de la elite paceña gobernante, muestra la retirada de EEUU, muestra la crisis económica coyuntural, muestra un notable agotamiento del sistema político y finalmente, muestra a El Alto, ese portaviones.

Así las cosas, sólo se necesitaba un error. Señores. Siendo benévolo como me toca, les digo: el gobierno Democrático /constitucional instaurado en agosto del 2002 fue el mejor ejemplo del peor error que se puede cometer en política: el de ser esencialmente débil.

Para octubre del 2003, llega el desplome del orden. La coyuntura de ese desplome, la virtual conspiración internacional, la traición, la violencia, son temas muy importantes, pero poco significativos a los fines de analizar el rumbo del poder.

Lo que nos interesa a esa altura son dos preguntas. ¿Quién perdió? ¿Quién ganó?

En primera instancia, perdió el sistema de partidos y todo lo ligado a él. Se hunden los liderazgos, los consensos, el parlamento y otros espacios políticos de la democracia pactada. Pero ahí no para la cosa. Se hunde también la vigencia del derecho y con ello, la seguridad jurídica; lo que a su vez, acarrea graves problemas a la propiedad y a las regiones productivas. O sea, por hundirse, se hunde todo/mundo. Pero ocurre que unos se hunden hasta el bigote y otros hasta la coronilla.

Por otro lado, ¿quién gana? Nadie. O mejor, nadie quien ustedes conozcan. En principio, el análisis periodístico dijo que en octubre gana Mesa y sus muchachos. Nada más falso. En octubre gana la radicalidad. Sale ganando la circunstancia radical.
Pero al mismo tiempo, se abre una disputa feroz por poder, entre Mesa y los radicales.
A Mesa lo acompaña una rara alianza. Viejos apellidos oligárquicos --muchos de los desplazados por el 52--, la Iglesia y el periodismo paceño.
Alianza que huele con antelación el hundimiento de octubre y no pierde la serenidad ni la oportunidad. Ganan de mano, el poder a los radicales.

Ninguna oligarquía seria, hace política. Eso es para la burguesía, para los cunumis y los cholos. La oligarquía no hace política porque nace en el poder. La política le da igual. La oligarquía simplemente es. Y con sólo ser lo que es, se consagra en el poder.

Bien. Esa oligárquica y desusada elite paceña, que desde hace años carece de poder económico, justificó su reciente entrada en política. Nos explicó que en octubre debió dejar sus oficios tan éticos y elegantes, como las artes, el periodismo culto, las cátedras deslumbrantes, sus clubes intelectuales y europeizados. Dejar todo aquello a lo que se dedicó desde el 52 y debió, pese a su voluntad, ocuparse de los desmanes en que nos habían metido los radicales de El Alto y la despreciable clase media, dada a la política.

Más allá de las dudas ante esa visión oligárquica, reconozcamos la brillantez y astucia de aquella elite paceña, que primero desplaza al tigre de El Alto y luego, literalmente, retoma el poder. Además, en esa operación, la tal oligarquía se hace acompañar por las clases medias paceñas que a la sazón, palidecían de miedo ante la garra del El Alto. Mesa, la Iglesia, cierto periodismo y viejos apellidos paceños, nos salvaron. Nos salvaron de la radicalidad. Y hay que agradecerlo. Merecen medalla y diploma.

Pero de allí, a creer que podían quedarse por siempre en el poder, hay un mundo. Esa estrategia, la de quedarse por siempre, consistía en jugar con la radicalidad. Con el emergente poder cruceño. Con las posibilidades del gas.

Consistía en un cogobierno de doble filo con el MAS. En suma, consistía en tácticas sin futuro.

En tal escenario, los radicales crecieron. Y se desarrollaron. Tanto, que derrumbaron a mi amigo, el señor Mesa. Así terminó, anótenlo, el último proyecto de poder estrictamente paceño en la historia de Bolivia.
Es decir, El Alto y compañía, tenían poder para derrocar a la democracia pactada en octubre. Mesa, la oligarquía paceña, los muchachos del MAS y todos aquellos, tenían astucia para arrebatarle el triunfo al El Alto. Pero ni el uno ni el otro, tienen fuerza para constituir un orden nuevo. Por eso --y por ingenuos-- andan tras una constituyente.

El proyecto Mesa fuese anecdótico, si no fuera una pieza en la batalla por el mando. La crisis es de Estado. O sea, de poder. En otra ocasión, cuando yo venga a hablar de teoría política, explicaré que Bolivia no es un Estado.

Y por eso, que el poder no anda sólido y concentrado en la ley, sino disperso en mil feudos. Mesa, los radicales, y nosotros mismos, somos, cada uno, un feudo.

Lo que agregó Mesa a la crisis fueron dos tendencias. Una, hacia la radicalidad. Violencia sindical, agresión contra Santa Cruz, discurso de nacionalización y en fin. Dos, hacia el deterioro del Estado de Derecho. Así se entiende la caída de la seguridad jurídica y el debilitamiento de las normas del juego democrático y liberal.
Muy bien. Con estos antecedentes, el escenario actual es así: crisis de poder tras la retirada americana, agotamiento de las elites paceñas, economía agobiada por la inestabilidad política, El Alto en su auge, tendencia hacia la radicalidad y tendencia hacia el deterioro del Estado de Derecho. O sea, crisis de poder y gran escenario para los radicales.

Todas esas son malas noticias para la moderación. Malas noticias para ustedes. La única buena es la coyuntura electoral que ciertamente, nos da un respiro.
Ante esta coyuntura que nos da un respiro, les vuelvo a preguntar: ¿cuál es la estrategia de la moderación? Y concretamente: ¿Qué van a hacer ustedes? Yo, por lo pronto, me dedicaré a hacer informes y a vivir de ellos.
Pero ustedes, teniendo qué perder, ustedes, mi hermano, quien lleva la estancia de la familia, ¿qué van a hacer?

La estrategia que sugiero tiene dos fases.

La primera es la recuperación plena de la política. La recuperación de las normas de juego fundadas en la competencia electoral. Eso es cosa que debe hacerse ya. Y el parlamento, por favor, no debe estorbar en esa línea.

Y aquí viene lo más importante de esta primera fase: una vez recuperada la política electoral, hay que ganar. Hay que ganar las elecciones de modo contundente y por el bien de Bolivia.
Y ustedes, caballeros, deben tomar parte activa de una alianza electoral o de un proyecto de poder democrático y competitivo.
Cuando digo ustedes, no hablo específicamente de la CAINCO. Institución que junto a otras instituciones cruceñas, ha servido con lealtad y eficiencia a la moderación en estos tiempos difíciles. Cuando digo “ustedes”, me refiero, sin ningún complejo, a ustedes como clase. A ustedes como miembros de una región en la cual son la elite. Y a ustedes como miembros de un país en el cual, están llamados a ser parte de la elite. Y ser elite consiste en dos obligaciones. Una, dar el ejemplo. Otra, mostrar el rumbo.

No se trata de hacer un partido cruceñista y en el marco de la autonomía, atrincherarse ante el embate de la radicalidad colla. ¿Por qué habría de detenerse esa radicalidad en las puertas de Santa Cruz/autonómico? ¿Por qué no habrían de bloquear en el Chapare al territorio cruceño? ¿Por qué esos radicales del Altiplano liberarán el gas cautivo y permitirán una apertura al mundo? ¿Sólo porque ustedes y nosotros los benianos hemoselegido una administración autonómica? Por favor. Esto es una batalla por el poder.

Hay que montar una gran Alianza de las clases medias. La Alianza de la moderación. La Alianza de quienes comparten la visión occidental. La Alianza entre todas las burguesías locales de Bolivia, incluida la de El Alto por supuesto, la burguesía débil de la ciudad de La Paz. Me gustaría decir, una Alianza de centro derecha, pero mejor digo simplemente, una Alianza de centro.

Esta primera fase consiste en derrotar electoralmente a la radicalidad. Casi el 80% del voto nacional, incluido el del El Alto, es moderado. En octubre se cayeron los viejos partidos que reivindicaban la moderación: no se cayó el elector moderado. Ustedes deben impulsar una esa Alianza política para derrotar al MAS, al populismo demagógico y al sindicalismo radical de El Alto.

La segunda fase, arranca de la mentada victoria electoral. Esa victoria debe generar una gobernabilidad de por lo menos, dos años.
En este tiempo, se debe montar un nuevo modelo de poder y de convivencia. Un modelo cuyo eje sea la Moderación, el Estado de Derecho, la Democracia Liberal y el Libre Mercado. Así, sin complejo alguno.
Para ello, las siguientes acciones, deben tareas inmediatas.

1ro.- Una vez que se logre la derrota electoral de los radicales, hay que pactar con ellos. En política los únicos pactos que tienen sentido, son los que resultan buenos a la conveniencia del ganador. Pactos entre perdedores, empatados o débiles, son un peligroso desperdicio de tiempo. Hay pactar con ellos el rol que les toca en el nuevo modelo de poder. Y ya digo, la derrota radical debe ser tan contundente, que el ir al pacto, sea la única alternativa de supervivencia política para esas fuerzas.

2do.- Hay que activar políticamente a la burguesía de El Alto. No sabría decir si esa burguesía es económicamente tan poderosa como la cruceña.
Más sé que es muy potente. Pero es nueva y de política, aún no sabe nada. Esa burguesía chola debe comenzar a hacer política, a crear instituciones de moderación y a controlar o por lo menos, a contrarrestar, la radicalidad alteña.
La clase política paceña, intentó por 20 años controlar El Alto. Mandaron, figúrense, 6 íconos de control. Primero Palenque, después Vásquez, después Paredes, después el cura Obermayer, después el cura Juárez y finalmente, Mesa. Todos salieron trasquilados y los radicales, fortalecidos.
Todos venían de la zona sur de La Paz o de las más conservadoras
tradiciones, la iglesia católica alemana y la española. Es hora de que la misma burguesía alteña, controle a su gente.

3ro.- Hay que crear el Estado de las autonomías. Primero, para que los cruceños se decidan a tomar parte del nuevo modelo nacional de poder y segundo, para darle Autonomía --una especial-- a El Alto. El Alto debe tomar decisiones por sí mismo y una de esas decisiones debe ser, el moderarse. Y si no se modera por dentro, que nadie lo modere de afuera. Y entonces, que corra el riesgo de estrangularse aislado y radical.

4to.- Hay que mover la capitalidad política. No oficialmente, sino hasta que La Paz demuestre condiciones para ser el sitio desde el cual se gobernará un país moderado, democrático, respetuoso del derecho y abierto al mundo.
Debemos traer sin miedos, ni demasiado trámite, la capitalidad política a Santa Cruz de la Sierra.

5to.- Hay que rescatar una alianza estratégica con los EEUU. El mejor método es implicándolos en el negocio del gas. El otro, es con un acuerdo internacional, para garantizar la estabilidad política en Bolivia. Un acuerdo consistente en un gran plan de cooperación, de donde vengan recursos
sobre tres áreas: apoyo a la productividad de la pequeña empresa, disminución de la extrema pobreza y mejoramiento de la educación.

6to.- Hay que emplear los beneficios del gas en dos rubros: en crear empleos y en seguridad interna.
Estas no son tareas fáciles y los roles que en esas tareas, les corresponden a ustedes, tampoco son simples. Lo que yo llamo las elites paceñas que gobernaron 100 años, fueron elites muy exitosas en economía y política.
Patiño, comparativamente, tendría hoy un capital de 5.000 millones de dólares. O la minería mediana, que produjo varios mineros de más de 100 millones de dólares. Y ya digo, familias acostumbradas y educadas para gobernar. La tarea y el desafío de conducir Bolivia, no es poca cosa. Se necesita fuerza real. Lo que los cambas decimos “tener físico”. Y se necesita mucha voluntad. Lo que universalmente se dice “tener huevos”.

Finalmente, digo que estas no son recetas mágicas. Digo también que no me arrogo --ni como doctor en filosofía, ni como beniano, ni peor aún como miembro de la derrotada clase política-- el derecho o autoridad moral de escribir lo que hay que hacer. En realidad, el buen politólogo nunca aconseja, se limita a diagnosticar. Pero señores, si hoy no hacemos lo que hay que hacer, se nos irán las oportunidades de recuperar un país sensato y moderado.
Gracias.-

 

 

 

 
 
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