|
EL
DESAFÍO
DE LA MODERACIÓN |
* Manuel Suárez
Análisis político
efectuado ante CAINCO
de Santa Cruz. El autor
es Doctor en Ciencias
Políticas por
la Universidad Complutense
de Madrid)
"...Nosotros
vivimos hoy un enfrentamiento
sustancial que definirá
el futuro. El de todos
y cada uno de los aquí
sentados. Que nadie,
por favor, crea que
está salvo.
Lo curioso es que estemos
perdiendo semejante
batalla. Es mentira
que en Bolivia vivimos
un empate. En Bolivia
vivimos el triunfo de
la radicalidad..."
 |
| El
embajador Víctor
Fagilde impone la
Encomienda de Isabel
la Católica
a Manuel Suárez
ávila. |
Para
ubicarme, digo lo siguiente:
este es un sitio al
cual, el grupo de empresarios
más notables
del país, invita
a un tipo para hablar
de política.
¿A qué
viene el que estos hombres
de éxito, quieran
dedicar unos minutos
de su tiempo a esa cosa
llamada la política?
¿Se trata
esto de una reunión
para hablar de filosofía
y teoría política?
¿De qué
se trata y en qué
estamos, para que esta
charla tenga lugar?
Señores. Estamos
en plena batalla. De
eso se trata. Esa es
nuestra circunstancia.
O para ser exactos,
es la vuestra.
Aquí y ahora
se está librando
una batalla. Una que,
nada menos, pone en
juego no sólo
un modo de ver la vida
–el modo vuestro—
sino que aún
peor, pone en juego
vuestros intereses y
certezas.
O sea, aquí hay
un despelote y tras
él, una amenaza
que ya llegó
a las puertas de cada
casa. Y por eso quizá
se explique el que hoy
--en vez de hablar de
cosas más productivas
y divertidas—
nos veamos aquí,
hablando de política.
Estamos en una lucha
clarísima por
el poder. No es por
gas, no es por tierras,
no es por coca, no es
por moral. Es por poder.
Toda sociedad que se
precie anda en disputas
por el poder. Pero hoy,
la nuestra es esencialmente,
lucha por el poder.
Nuestro tiempo y nuestro
desafío consiste
en pelear el mando.
En otros tiempos y en
otras sociedades, si
bien hay constantes
disputas de poder, ocurre
que aquel disputar,
no es lo sustancial
de la vida pública.
Son tiempos y sociedades
que ya libraron su última
batalla. Ya tienen ganadores
y perdedores. Ya tienen
ley y modo de vida definitivo
y por eso, sus discrepancias
por poder, además
de estar normadas, no
discuten lo esencial.
Son sociedades que,
en realidad, ocupan
el mínimo de
su tiempo en política
y el resto lo dedican
a vivir, a producir,
al arte, la filosofía,
el sexo y en fin.
Nosotros no. Nosotros
vivimos hoy un enfrentamiento
sustancial que definirá
el futuro. El de todos
y cada uno de los aquí
sentados. Que nadie,
por favor, crea que
está salvo.
Lo curioso es que estemos
perdiendo semejante
batalla. Es mentira
que en Bolivia vivimos
un empate. En Bolivia
vivimos el triunfo de
la radicalidad.
Y por supuesto, la derrota
de la moderación.
Está ganando
lo radical. Gana el
populismo demagógico.
Gana, en el mejor de
los casos, la anarquía.
Y señores, están
perdiendo ustedes.
Está perdiendo
la visión occidental
de la vida --occidente
en el sentido hemisférico--,
están perdiendo
las gentes y los intereses
que confían en
el mercado, en la democracia.
Y a esta altura, discutir
en torno a las razones
metafísicas o
ideológicas de
cada bando en contienda,
es truco. Truco de la
misma contienda.
Los que van ganando,
los radicales, nos dirán
que andan en esta batalla
porque hace 500 años
que no sé qué,
porque la tenencia de
tierras es inmoral,
porque los blancos son
malos de toda maldad,
porque todos los políticos
son una manga de corruptos
y porque las transnacionales
viven de y para saquearnos.
O sea, nos insultarán
con estilo y desde argumentos
antropológicos,
metafísicos,
emocionales. Lo que
no nos dirán
y que nosotros debemos
saber, es que los radicales
están en esta
batalla con el fin estupendo
de tomar el poder.
Y que no pregunten de
nuestro decir filosófico
–el decir de la
visión occidental
de la vida--. Porque,
les aseguro. No conozco
uno que en Bolivia pueda,
sin trucos, debatir
conmigo en torno a la
legitimidad de nuestras
posiciones. No crean
ustedes que en pensamiento
y discusión somos
mancos. Al revés,
si algo no hemos perdido,
es la razón.
Pero a los fines de
esta batalla, unas justificaciones
y las otras, son sonseras.
Aquí, en plena
batalla ya no sirven
los discursos de legitimación,
ni las discusiones bizantinas
sobre quién tiene
la razón ética.
Aquí y hoy, es
sitio y hora de la estrategia
y la táctica.
De la victoria: si esta
es políticamente
posible.
¿Tiene la moderación
una estrategia ante
esta circunstancia que
es su terrible arrinconamiento?
Ubicándonos en
el tiempo. Desde la
guerra federal, las
elites paceñas
gobiernan el país.
Elites mineras y burocráticas.
Hasta el 52 manda la
oligarquía del
estaño. El 52,
aburguesó o democratizó
ese poder oligárquico.
Pero no cambió
ni mucho menos, el eje
geopolítico.
La Paz continuó
como raíz de
lo público.
El 52 cae la oligarquía
paceña; sube
la burguesía
paceña. Esta
es también minera
y se refuerza con la
nueva burocracia estatal.
La del 52, es revolución
que afecta y crea Lo
Nacional, pero esencialmente,
es revolución
colla.
O sea, hace 100 años
que las elites paceñas
y sus instituciones,
FFAA, partidos, burocracia,
sus relaciones con los
norteamericanos y en
fin, controlan el país.
Fíjense. El último
proyecto grande que
ejecutó el poder
minero y paceño,
fue la llamada democracia
pactada o de los partidos.
Un gran proyecto burgués.
Por tanto, en 100 años,
tenemos unas elites
collas que hacen el
país que conocemos.
En parte, también,
hacen al oriente que
conocemos. Eran elites
poderosas, mineras,
a veces brillantes,
feas como ellas solas,
pero muy experimentadas
en política y
metidas a fondo en la
burocracia, hijos de
presidentes, de ministros…
en La Paz, la familia
que menos puja, caga
un canciller. Perdonen
el francés.
Pero esa gran tradición
de elites paceñas
--a la cual hay que
reconocer sin egoísmo
alguno, el mérito
de sostenerse al mando
por un siglo--, esos
poderosos proyectos
de poder, se nos ha
cansado. La quiebra
de la minería
a fines de los 80, los
aniquiló.
Y ya desde los 90, la
hegemonía de
poder paceña
y así boliviana.,
pierde aquella estructura
económica y minera
que la sustentaba y
simplemente mantiene
la técnica de
la política y
lo que es fundamental,
mantiene al gran aliado
del orden durante los
últimos 60 años:
la política exterior
norteamericana.
Porque desde la segunda
guerra el orden político
boliviano se amarra
a la relación
con los gringos. En
el comienzo, el nexo
fue estaño y
goma para la guerra.
Tras el 48, el nexo
fue la guerra fría
y las políticas
de seguridad hemisférica.
Así sobreviven
la Revolución,
Barrientos, Bánzer.
Después, los
80 y la democracia como
buen modo de enfrentar
al comunismo. Y finalmente,
la lucha contra el narcotráfico.
Y Bolivia --y su orden
político-- ,
ligada más que
nunca a los EEUU.
La cosa cambia a fines
de los 90. La cocaína
boliviana deja de ser
un problema político
para los gringos. Cae
el tráfico proveniente
del mundo andino y cae
el consumo interno en
USA. Pero además,
Sudamérica, como
espacio comercial, se
ve desplazada por China.
Y como espacio de seguridad,
remplazada por el Medio
Oriente. En la esfera
norteamericana, sólo
queda México,
Centroamérica,
el Caribe, Colombia,
Venezuela y Chile. EEUU
está fuera de
Bolivia, o si quieren,
Bolivia, fuera de EEUU.
Así entramos
al nuevo milenio. La
elite paceña
destartalada en productividad,
el padrino exterior
ausente, una crisis
económica coyuntural
muy agravada, y un importante
desgaste del sistema
de partidos: falta de
credibilidad, corrupción
y en fin.
Pero aún hay
más en este inicio
de siglo. La cuestión
alteña. El Alto
es el fenómeno
de poder más
importante de nuestros
últimos tiempos.
Crecimiento demográfico
impresionante, Desempleo
descontrolado, indicadores
de pobreza alarmantes,
imperio de la informalidad,
y acceso casi universal
a televisión
y radio. El caldo de
cultivo perfecto para
eso que los sociólogos
gustan llamar “el
malestar social”.
Y miremos su dimensión
concreta de poder. El
Alto, urbaniza y así,
homogeniza la acción
política. Aparece
un muevo tipo de revuelta
urbana, la multitud
alteña. La mejor
revuelta se hace con
gente que se concentra.
la mejor concentración,
ya no es la mina, ni
la fábrica, es
el vecindario. Pero
además, esa vida
urbana en El Alto, dadas
las nuevas carreteras,
se mezcla ágilmente
con el Altiplano rural.
La alianza campo ciudad
se materializa. Es el
aporte de mi amigo Felipe
Quispe.
Por otro lado, las dirigencias
de El Alto, han articulado
con éxito un
discurso y un movimiento
radical, orientado a
crear Identidad. Orientado
a fundar eso tan esencial
en la lucha política:
el yo y frente al yo,
el enemigo.
Identidad racial, frente
a los blancos y mestizos.
E identidad combativa
-- desde el malestar,
desde la frustración,
desde el desempleo--
frente a ricos, extranjeros
y gobernantes.
Aquí, un detalle.
La tal identidad es
cosa numéricamente
reducida en El Alto.
Pero aún así,
es la única.
Finalmente, lo más
serio en la lectura
política de El
Alto. Su ubicación
geoestratégica.
La más óptima
posición de toma
física de la
capital política
de Bolivia. Posición
topográfica elevada,
control de accesos a
la ciudad y al palacio,
control del aeropuerto,
y de salidas carreteras,
de la producción
y distribución
de energía y
agua, y de gran parte
del abastecimiento alimenticio
de La Paz. O sea, El
Alto tiene el poder
en la mano.
Bien. Resumamos. El
nuevo milenio, muestra
la crisis productiva
de la elite paceña
gobernante, muestra
la retirada de EEUU,
muestra la crisis económica
coyuntural, muestra
un notable agotamiento
del sistema político
y finalmente, muestra
a El Alto, ese portaviones.
Así las cosas,
sólo se necesitaba
un error. Señores.
Siendo benévolo
como me toca, les digo:
el gobierno Democrático
/constitucional instaurado
en agosto del 2002 fue
el mejor ejemplo del
peor error que se puede
cometer en política:
el de ser esencialmente
débil.
Para octubre del 2003,
llega el desplome del
orden. La coyuntura
de ese desplome, la
virtual conspiración
internacional, la traición,
la violencia, son temas
muy importantes, pero
poco significativos
a los fines de analizar
el rumbo del poder.
Lo que nos interesa
a esa altura son dos
preguntas. ¿Quién
perdió? ¿Quién
ganó?
En primera instancia,
perdió el sistema
de partidos y todo lo
ligado a él.
Se hunden los liderazgos,
los consensos, el parlamento
y otros espacios políticos
de la democracia pactada.
Pero ahí no para
la cosa. Se hunde también
la vigencia del derecho
y con ello, la seguridad
jurídica; lo
que a su vez, acarrea
graves problemas a la
propiedad y a las regiones
productivas. O sea,
por hundirse, se hunde
todo/mundo. Pero ocurre
que unos se hunden hasta
el bigote y otros hasta
la coronilla.
Por otro lado, ¿quién
gana? Nadie. O mejor,
nadie quien ustedes
conozcan. En principio,
el análisis periodístico
dijo que en octubre
gana Mesa y sus muchachos.
Nada más falso.
En octubre gana la radicalidad.
Sale ganando la circunstancia
radical.
Pero al mismo tiempo,
se abre una disputa
feroz por poder, entre
Mesa y los radicales.
A Mesa lo acompaña
una rara alianza. Viejos
apellidos oligárquicos
--muchos de los desplazados
por el 52--, la Iglesia
y el periodismo paceño.
Alianza que huele con
antelación el
hundimiento de octubre
y no pierde la serenidad
ni la oportunidad. Ganan
de mano, el poder a
los radicales.
Ninguna oligarquía
seria, hace política.
Eso es para la burguesía,
para los cunumis y los
cholos. La oligarquía
no hace política
porque nace en el poder.
La política le
da igual. La oligarquía
simplemente es. Y con
sólo ser lo que
es, se consagra en el
poder.
Bien. Esa oligárquica
y desusada elite paceña,
que desde hace años
carece de poder económico,
justificó su
reciente entrada en
política. Nos
explicó que en
octubre debió
dejar sus oficios tan
éticos y elegantes,
como las artes, el periodismo
culto, las cátedras
deslumbrantes, sus clubes
intelectuales y europeizados.
Dejar todo aquello a
lo que se dedicó
desde el 52 y debió,
pese a su voluntad,
ocuparse de los desmanes
en que nos habían
metido los radicales
de El Alto y la despreciable
clase media, dada a
la política.
Más allá
de las dudas ante esa
visión oligárquica,
reconozcamos la brillantez
y astucia de aquella
elite paceña,
que primero desplaza
al tigre de El Alto
y luego, literalmente,
retoma el poder. Además,
en esa operación,
la tal oligarquía
se hace acompañar
por las clases medias
paceñas que a
la sazón, palidecían
de miedo ante la garra
del El Alto. Mesa, la
Iglesia, cierto periodismo
y viejos apellidos paceños,
nos salvaron. Nos salvaron
de la radicalidad. Y
hay que agradecerlo.
Merecen medalla y diploma.
Pero de allí,
a creer que podían
quedarse por siempre
en el poder, hay un
mundo. Esa estrategia,
la de quedarse por siempre,
consistía en
jugar con la radicalidad.
Con el emergente poder
cruceño. Con
las posibilidades del
gas.
Consistía en
un cogobierno de doble
filo con el MAS. En
suma, consistía
en tácticas sin
futuro.
En tal escenario, los
radicales crecieron.
Y se desarrollaron.
Tanto, que derrumbaron
a mi amigo, el señor
Mesa. Así terminó,
anótenlo, el
último proyecto
de poder estrictamente
paceño en la
historia de Bolivia.
Es decir, El Alto y
compañía,
tenían poder
para derrocar a la democracia
pactada en octubre.
Mesa, la oligarquía
paceña, los muchachos
del MAS y todos aquellos,
tenían astucia
para arrebatarle el
triunfo al El Alto.
Pero ni el uno ni el
otro, tienen fuerza
para constituir un orden
nuevo. Por eso --y por
ingenuos-- andan tras
una constituyente.
El proyecto Mesa fuese
anecdótico, si
no fuera una pieza en
la batalla por el mando.
La crisis es de Estado.
O sea, de poder. En
otra ocasión,
cuando yo venga a hablar
de teoría política,
explicaré que
Bolivia no es un Estado.
Y por eso, que el poder
no anda sólido
y concentrado en la
ley, sino disperso en
mil feudos. Mesa, los
radicales, y nosotros
mismos, somos, cada
uno, un feudo.
Lo que agregó
Mesa a la crisis fueron
dos tendencias. Una,
hacia la radicalidad.
Violencia sindical,
agresión contra
Santa Cruz, discurso
de nacionalización
y en fin. Dos, hacia
el deterioro del Estado
de Derecho. Así
se entiende la caída
de la seguridad jurídica
y el debilitamiento
de las normas del juego
democrático y
liberal.
Muy bien. Con estos
antecedentes, el escenario
actual es así:
crisis de poder tras
la retirada americana,
agotamiento de las elites
paceñas, economía
agobiada por la inestabilidad
política, El
Alto en su auge, tendencia
hacia la radicalidad
y tendencia hacia el
deterioro del Estado
de Derecho. O sea, crisis
de poder y gran escenario
para los radicales.
Todas esas son malas
noticias para la moderación.
Malas noticias para
ustedes. La única
buena es la coyuntura
electoral que ciertamente,
nos da un respiro.
Ante esta coyuntura
que nos da un respiro,
les vuelvo a preguntar:
¿cuál
es la estrategia de
la moderación?
Y concretamente: ¿Qué
van a hacer ustedes?
Yo, por lo pronto, me
dedicaré a hacer
informes y a vivir de
ellos.
Pero ustedes, teniendo
qué perder, ustedes,
mi hermano, quien lleva
la estancia de la familia,
¿qué van
a hacer?
La estrategia
que sugiero tiene dos
fases.
La primera es la recuperación
plena de la política.
La recuperación
de las normas de juego
fundadas en la competencia
electoral. Eso es cosa
que debe hacerse ya.
Y el parlamento, por
favor, no debe estorbar
en esa línea.
Y aquí viene
lo más importante
de esta primera fase:
una vez recuperada la
política electoral,
hay que ganar. Hay que
ganar las elecciones
de modo contundente
y por el bien de Bolivia.
Y ustedes, caballeros,
deben tomar parte activa
de una alianza electoral
o de un proyecto de
poder democrático
y competitivo.
Cuando digo ustedes,
no hablo específicamente
de la CAINCO. Institución
que junto a otras instituciones
cruceñas, ha
servido con lealtad
y eficiencia a la moderación
en estos tiempos difíciles.
Cuando digo “ustedes”,
me refiero, sin ningún
complejo, a ustedes
como clase. A ustedes
como miembros de una
región en la
cual son la elite. Y
a ustedes como miembros
de un país en
el cual, están
llamados a ser parte
de la elite. Y ser elite
consiste en dos obligaciones.
Una, dar el ejemplo.
Otra, mostrar el rumbo.
No se trata de hacer
un partido cruceñista
y en el marco de la
autonomía, atrincherarse
ante el embate de la
radicalidad colla. ¿Por
qué habría
de detenerse esa radicalidad
en las puertas de Santa
Cruz/autonómico?
¿Por qué
no habrían de
bloquear en el Chapare
al territorio cruceño?
¿Por qué
esos radicales del Altiplano
liberarán el
gas cautivo y permitirán
una apertura al mundo?
¿Sólo
porque ustedes y nosotros
los benianos hemoselegido
una administración
autonómica? Por
favor. Esto es una batalla
por el poder.
Hay que montar una gran
Alianza de las clases
medias. La Alianza de
la moderación.
La Alianza de quienes
comparten la visión
occidental. La Alianza
entre todas las burguesías
locales de Bolivia,
incluida la de El Alto
por supuesto, la burguesía
débil de la ciudad
de La Paz. Me gustaría
decir, una Alianza de
centro derecha, pero
mejor digo simplemente,
una Alianza de centro.
Esta primera fase consiste
en derrotar electoralmente
a la radicalidad. Casi
el 80% del voto nacional,
incluido el del El Alto,
es moderado. En octubre
se cayeron los viejos
partidos que reivindicaban
la moderación:
no se cayó el
elector moderado. Ustedes
deben impulsar una esa
Alianza política
para derrotar al MAS,
al populismo demagógico
y al sindicalismo radical
de El Alto.
La segunda fase, arranca
de la mentada victoria
electoral. Esa victoria
debe generar una gobernabilidad
de por lo menos, dos
años.
En este tiempo, se debe
montar un nuevo modelo
de poder y de convivencia.
Un modelo cuyo eje sea
la Moderación,
el Estado de Derecho,
la Democracia Liberal
y el Libre Mercado.
Así, sin complejo
alguno.
Para ello, las siguientes
acciones, deben tareas
inmediatas.
1ro.- Una vez que se
logre la derrota electoral
de los radicales, hay
que pactar con ellos.
En política los
únicos pactos
que tienen sentido,
son los que resultan
buenos a la conveniencia
del ganador. Pactos
entre perdedores, empatados
o débiles, son
un peligroso desperdicio
de tiempo. Hay pactar
con ellos el rol que
les toca en el nuevo
modelo de poder. Y ya
digo, la derrota radical
debe ser tan contundente,
que el ir al pacto,
sea la única
alternativa de supervivencia
política para
esas fuerzas.
2do.- Hay que activar
políticamente
a la burguesía
de El Alto. No sabría
decir si esa burguesía
es económicamente
tan poderosa como la
cruceña.
Más sé
que es muy potente.
Pero es nueva y de política,
aún no sabe nada.
Esa burguesía
chola debe comenzar
a hacer política,
a crear instituciones
de moderación
y a controlar o por
lo menos, a contrarrestar,
la radicalidad alteña.
La clase política
paceña, intentó
por 20 años controlar
El Alto. Mandaron, figúrense,
6 íconos de control.
Primero Palenque, después
Vásquez, después
Paredes, después
el cura Obermayer, después
el cura Juárez
y finalmente, Mesa.
Todos salieron trasquilados
y los radicales, fortalecidos.
Todos venían
de la zona sur de La
Paz o de las más
conservadoras
tradiciones, la iglesia
católica alemana
y la española.
Es hora de que la misma
burguesía alteña,
controle a su gente.
3ro.- Hay que crear
el Estado de las autonomías.
Primero, para que los
cruceños se decidan
a tomar parte del nuevo
modelo nacional de poder
y segundo, para darle
Autonomía --una
especial-- a El Alto.
El Alto debe tomar decisiones
por sí mismo
y una de esas decisiones
debe ser, el moderarse.
Y si no se modera por
dentro, que nadie lo
modere de afuera. Y
entonces, que corra
el riesgo de estrangularse
aislado y radical.
4to.- Hay que mover
la capitalidad política.
No oficialmente, sino
hasta que La Paz demuestre
condiciones para ser
el sitio desde el cual
se gobernará
un país moderado,
democrático,
respetuoso del derecho
y abierto al mundo.
Debemos traer sin miedos,
ni demasiado trámite,
la capitalidad política
a Santa Cruz de la Sierra.
5to.- Hay que rescatar
una alianza estratégica
con los EEUU. El mejor
método es implicándolos
en el negocio del gas.
El otro, es con un acuerdo
internacional, para
garantizar la estabilidad
política en Bolivia.
Un acuerdo consistente
en un gran plan de cooperación,
de donde vengan recursos
sobre tres áreas:
apoyo a la productividad
de la pequeña
empresa, disminución
de la extrema pobreza
y mejoramiento de la
educación.
6to.- Hay que emplear
los beneficios del gas
en dos rubros: en crear
empleos y en seguridad
interna.
Estas no son tareas
fáciles y los
roles que en esas tareas,
les corresponden a ustedes,
tampoco son simples.
Lo que yo llamo las
elites paceñas
que gobernaron 100 años,
fueron elites muy exitosas
en economía y
política.
Patiño, comparativamente,
tendría hoy un
capital de 5.000 millones
de dólares. O
la minería mediana,
que produjo varios mineros
de más de 100
millones de dólares.
Y ya digo, familias
acostumbradas y educadas
para gobernar. La tarea
y el desafío
de conducir Bolivia,
no es poca cosa. Se
necesita fuerza real.
Lo que los cambas decimos
“tener físico”.
Y se necesita mucha
voluntad. Lo que universalmente
se dice “tener
huevos”.
Finalmente, digo que
estas no son recetas
mágicas. Digo
también que no
me arrogo --ni como
doctor en filosofía,
ni como beniano, ni
peor aún como
miembro de la derrotada
clase política--
el derecho o autoridad
moral de escribir lo
que hay que hacer. En
realidad, el buen politólogo
nunca aconseja, se limita
a diagnosticar. Pero
señores, si hoy
no hacemos lo que hay
que hacer, se nos irán
las oportunidades de
recuperar un país
sensato y moderado.
Gracias.-
|