LA
MULTICULTURALIDAD
EN BOLIVIA:
MÁS ALLÁ
DE LA ASAMBLEA
CONSTITUYENTE
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Por Mauricio Ochoa Urioste
La
moderna instalación
del Cine Center de la
ciudad de Santa Cruz
de la Sierra proyecta
con gran éxito
el filme “American
Visa”, del director
Juan Carlos Valdivia.
El mismo éxito
obtuvo la proyección
de la cinta cinematográfica
“Sena Quina, la
inmortalidad del cangrejo”
dirigida por el cineasta
ítalo-boliviano,
Paolo Agazzi.
El amor de la beniana
Blanca y el orureño
Mario narrado en la
novela de Juan de Recacochea
y la producción
cinematográfica
boliviano – mexicana
“American Visa”,
así como la amistad
del tarijeño
“Justo Pascual”,
el cruceño “Miami
Vaca” y el paceño
“Falso Conejo”
en la película
“Sena Quina, la
inmortalidad del cangrejo”,
son historias que recrean
con maestría
la vida cotidiana de
los bolivianos.
Ciertamente
en Bolivia la multiculturalidad
alcanza un sentido existencial
e ineluctable: personas
de distintos orígenes,
lenguas, razas y costumbres,
comparten diariamente
sueños, alegrías
y tristezas.
Tras
la caída del
Muro de Berlín,
la diversidad cultural
en la actualidad ha
permeado viejos fundamentalismos
en algunos países,
principalmente de Europa
Oriental y del Medio
Oriente – su sentido
negativo – y la
construcción
de una democracia más
pluralista, en otros
– su sentido positivo
–. Según
el francés Martín
Hopenhayn, este sentido
positivo alcanza su
máxima expresión
en el multiculturalismo
proactivo: una fuerza
histórica positiva
capaz de
enriquecer el imaginario
pluralista-democrático,
avanzar hacia mayor
igualdad de oportunidades
y al mismo tiempo hacia
mayor espacio para la
afirmación de
la diferencia.
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En el caso boliviano,
es necesario que el
análisis de la
multiculturalidad forme
no sólo parte
de las futuras políticas
de Estado y la Asamblea
Constituyente; sino
también de los
esfuerzos colectivos
para patentizar estos
cambios normativos en
todos los niveles sociales,
o como dice el mismo
Hopenhayn: el multiculturalismo
proactivo invita a combinar
múltiples campos
de acción política,
y de diseño y
aplicación de
políticas. Los
foros, convenios y tratados
internacionales, así
como las constituciones
dentro de los países,
constituyen una base
jurídico-política
desde la cual se puede
avanzar en esta dirección.
Pero si la propia sociedad
civil y los sistemas
políticos no
se movilizan con imaginación
e iniciativa, dicha
base jurídico-política
puede confinarse a letra
muerta.
El desarrollo de esta
base jurídico-política
incluye básicamente
pasar a un modelo educativo
con vocación
multicultural, promover
el acceso a las nuevas
tecnologías,
la protección
de los derechos económicos
y sociales, y advertir
a la sociedad sobre
los riesgos
de mensajes xenofóbicos
y/o discriminatorios
en los medios de comunicación.
La primera tarea –
el modelo educativo
con vocación
multicultural - le corresponde
a la sociedad boliviana
entera, encargada de
desarrollar un escenario
de constante interculturalidad,
en la casa, en el trabajo,
en la escuela, en la
universidad, en los
medios, en la ciencia
y en el arte, a través
de expresiones tan variadas
como el fomento a las
prácticas comunicativas
basadas en el respeto
al otro y la reciprocidad
en la
comprensión dentro
de la educación
inicial; la enseñanza,
práctica e investigación
de los derechos humanos
en las facultades de
derecho; o las expresiones
espirituales que contribuyen
a difundir la
multiculturalidad cotidiana
como en la referida
creación cinematográfica
de Agazzi, Valdivia,
y de tantos otros no
citados: Bellot, Eguino,
Sanjinés, Loayza,
etc..
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Mauricio Ochoa Urioste
es abogado constitucionalista
y profesor universitario. |