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21/3/2010 
tribuna_boliviana

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EL DERECHO A LA VIDA DE LA MUJER O Y EL MILAGRO DE LA VIDA

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La vida que inicia con la concepción natural o mediante los medios reproductivos modernos, resulta siempre una verdadera maravilla que induce a una seria reflexión a quien la percibe en su grandeza embriológica evolutiva y en su trascendencia psicológica, social, bioética...

Quedamos pasmados de espanto al saber que una madre cobarde escapó de la maternidad luego de dar a luz trillizos.

Posiblemente se asustó en su intimidad primitiva y ante la enorme responsabilidad de haber parido tres niños viables, huyó abandonándolas ciegamente. Madre primeriza, joven aún, sin desarrollo afectivo, tendrá pesares, importa exigir el apoyo de su familia, de la comunidad toda.

La prensa internacional nos informa que en España… con gran éxito (y esta es una cruel ironía a la española en el país de Diego Gracia,  el padre de la bioética y un catolicismo poco tolerante),  el Senado aprobó la ampliación de la norma, el aborto que ya existía en forma tímida para las mujeres embarazadas, la tenían permitida hasta las 14 semanas de gestación, ahora subirá hasta los 20 y en caso de riesgo materno hasta la semana 22, y aún  más allá si hay malformación congénita; es decir, el crimen de un niño y niña casi prematuro y viable.

Escribo el delicado tema con suspicacia ante la susceptibilidad de herir concepciones contrarias, respetables por cierto pero objetables en el debate profundo, de mucha gente que se opone al aborto o que lo apoya presumiendo vanguardia entre los derechos femeninos. A propósito, tuve un instante de inmensa alegría, observé mediante la imagen científica moderna de ecografía abdominal a mi nieto o nieta que lleva siete semanas y 6 días de vida (dos meses). Bien ubicado dentro de la cavidad uterina, muy cómodo y rodeado de líquido amniótico protector, como debió ser hace 3 millones de años cuando nació la raza humana; fijo a la pared posterior de la matriz, es una masa celular vibrante de dos centímetros. Su enorme corazón  ocupa la mitad de su morfología en formación y late repleto de sangre fresca; me estremeció el sonido de un latido firme y taquicárdico.

Entonces sentí su mensaje: "Abuelo, soy la vida, quiero cumplir el milagro, repetir la filogenia de esos millares de tiempo y repasar la ontogenia de maduración para llegar a ser un hermoso fruto maduro de nueve meses; pero, ya soy, ya logré un enorme corazón. Soy amor puro y saldré al exterior para cumplir la misión encadenada en urdimbre de solidaridad y de destino fraternal entre los otros seres humanos de mi generación futura". Quedé maravillado, no pude contener unas densas lágrimas que brotaron de mi interioridad afectiva. Repasé mis conocimientos embriológicos, las tres hojas en formación, segundo a segundo, repitiendo la trayectoria grandiosa de la vida.

Inmediatamente, y por asociación, me espantó el mensaje de a Madre Patria…  ¿Cómo puede ingresar una cucharilla metálica brutal o una sonda aspirante para el acto criminal del aborto? Matar a un ser indefenso que tiene desde cigoto toda la potencialidad del ser humano en plenitud ulterior.

Qué perversidad imaginada y ejecutada desde antaño para comodidad de los mayores egoístas. El aborto terapéutico cada vez se reduce en posibilidades gracias al control científico adecuado, y tiene indicación exclusiva y precisa: la diabetes insulina dependiente con episodios de coma repetido, también la gravidez desapercibida de feto muerto o de  vida precaria por malformación a corto plazo, quizá la insuficiencia renal terminal.

El Estado tiene la obligación de legislar el derecho a la vida pero, recordémoslo siempre, la vida no está dada por el Estado y el derecho de la madre concluye donde comienza el derecho de otro ser, esa es la regla de oro del derecho natural.

El artículo 66 de la CPE, insinúa la irrespetuosidad biológica cuando explicita: Se garantiza a las mujeres y a los hombres el ejercicio de sus derechos sexuales…  y sus derechos reproductivos (?) Creo inferir que se refiere a la atención, universal y gratuita del tratamiento de la esterilidad, no al acto criminal que vacía brutalmente el útero de una vida en gestación, No el  derecho de matar a un niño o niña dentro del hábitat natural cuando aún es cigoto, mórula, blástula, embrión, feto; porque continúa el ciclo biológico cuando sale al exterior: nonato, prepuber, joven, adulto, anciano, así  hasta la muerte, tiene características humanas y conlleva la dignidad de persona, desde el original cigoto. En todo el ciclo vital, es biológica y antropológicamente una "persona humana", dueño de un código genético completo e irrepetible; aunque digamos con humildad, nuestro genoma apenas difiere al de cualquier insecto, mosca, mono, gato o cocodrilo. A la altura de la historia humana contemporánea, existe el concepto ético y jurídico de inviolabilidad de la persona humana; por tanto, no se acepta el aborto como un derecho, la solución para un embarazo no deseado jamás será liquidar al ganador de la partida. Con el acto del aborto se introduce una cucharilla cortante o una sonda que aspira el delicado tejido, desparece UN HIJO. No es un órgano extirpable, no es un tumor, y los padres son los guardianes responsables. Como afirma Jalil Gibran, "son sólo los arcos que tensarán las cuerdas de la vida para que los hijos, flechas vuelen a su propio destino" La obligación colectiva, madura y racional de la sociedad es la de educar bienes, no perversiones ni relativismos morales, no podemos aceptar sin meditación consciente el aborto o la eutanasia. No podemos estar a tono con las sociedades robotizadas ni con la línea globalizada neoliberal fascista del sistema imperante: ni el cómodo aborto asesino ni el retorno a la Eugenesia hitleriana de Auschwits o Treblinka. Médico Gastón Cornejo Bascopé
Ex Senador del Movimiento al Socialismo
Cochabamba 2010

 




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