 2/9/2003 Hoy es un día especial para Luis Héctor Cristaldo Ruiz Díaz. Cumple 34 años de vida este “atigrado”, capitán del equipo campeón del Torneo Apertura, que en la Selección Nacional de Nelson Acosta es el mayor entre los convocados y el más experimentado. Jugará esta tarde su partido número 81 vistiendo la camiseta Verde, con la que debutó en 1989 en Lima ante Perú.
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Luis
Cristaldo: “Voy a jugar hasta donde me den las piernas”
Por Johnny Mollinedo - Fotos: Jorge Mamani y El salto al futuro
Fue
seleccionado de su pueblo, Ibarreta, pero nunca pensó que iba
a jugar por Bolivia un Mundial, el de Estados Unidos ‘94, y que
ganaría varios títulos en el fútbol nacional con
las camisetas que le tocó defender.
Se formó en la Academia “Tahuichi” Aguilera, se naturalizó
boliviano y es un orgulloso defensor de nuestra bandera. Pero no olvida
sus raíces y dice que en Ibarreta están sus mayores afectos:
su madre, varios hermanos y su hijo Maikol de 13 años, quien
—cuenta— quiere seguir sus pasos en el fútbol.
Luis
Héctor nació el 31 de agosto de 1969 en ese pueblito de
la provincia argentina de Formosa. Es el componente de una numerosa
familia que integran su papá, Félix, su mamá, Gregoria,
y sus siete hermanos: Eva, Ángela, Rosa, Lidia, Julián,
Ramón y Esteban.
Cuenta
que vivió una infancia feliz. “De mi pueblo recuerdo todo,
tuve una niñez linda, con muchos amigos, con una familia muy
unida. Mi familia, como mis amigos, siempre están pendientes
de mí”.
Al recordar este día de su onomástico, a manera de anécdota
dice que no le tocó llegar al mundo en un hospital, sino que
nació en su casa; una partera, a quien le decían “Chiquinha”,
y que posteriormente se convertiría en su madrina, atendió
a su madre en el parto. “Creo que nací por la tarde, pero
no sé exactamente a qué hora ni qué día”.
Nunca
ha olvidado el pueblo donde vino al mundo, viaja todos los fines de
año para reunirse con los suyos.
“No sé si habrá otro jugador más famoso que
yo en Ibarreta, sé de algunos que han jugado, pero así
como yo, con partidos internacionales, en una Selección Nacional,
creo que soy el único”.
Cuando
fué a Bolivia se afincó en Santa Cruz, tierra en la que
hizo las mayores travesuras de su juventud como futbolista.
—¿Te
consideras más camba que formoseño?
—No, no, nooooo, yo soy formoseño de toda la vida. Yo
voy a agradecer toda la vida a la “Tahuichi”, a Santa
Cruz, a La Paz, porque son los lugares donde he jugado y he triunfado.
De todo lo que he vivido en Bolivia jamás me quejaré,
porque en todas partes en donde estuve me han tratado de maravilla.
He ido a Tarija, Cochabamba, Potosí, a todas partes; la única
ciudad que no conozco es Pando. No soy mal agradecido con este país,
en donde siempre me han dado cariño y atención, a pesar
de que unos cuantos me odian, pero ellos no significan nada. Mi segundo
país es Bolivia.
—¿Qué
es lo que te ha marcado en el fútbol?
—Todo, desde que jugué en mi pueblo, cuando tenía
10 años, saliendo campeón provincial, jugando incluso
con seleccionados de la Capital Federal. O sea que desde los diez
años fui campeón. Cuando vine a la “Tahuichi”
me cansé de salir campeón y en los clubes en los que
he estado también...
—Es
decir, eres un ganador por esencia...
—Siempre me ha ido bien, pero lo que siempre voy a lamentar
es no haber tenido la suerte que tienen muchos otros futbolistas de
llegar a un club realmente grande a nivel internacional. He estado
en clubes grandes en Bolivia (The Strongest, Bolívar, Oriente
Petrolero), lo mismo en Paraguay (Cerro Porteño); por eso digo
con franqueza que siempre me ha ido bien, he salido campeón
en todos los equipos en que he estado, menos Mandiyú de Argentina
que por razones obvias siempre peleó el descenso. Después,
si hubiera tenido la suerte de jugar en un equipo grande de renombre
en el exterior, creo que me hubiese ido muy bien, pero a veces la
suerte que muchos merecen no la tienen y eso me ocurrió a mí;
tampoco me quejo, he hecho muchos amigos y he conseguido títulos
con equipos grandes.
—¿Quién
es tu amigo, o a quién consideras tu mejor amigo en el fútbol?
—Yo casi no me apego a una sola persona cuando estoy en un equipo;
puedo hablar con unos más que con otros, pero de ahí...
yo siempre trato de hablarle por igual a un juvenil que a uno con
el que haya jugado toda la vida. En The Strongest, por ejemplo, hablo
más con Jiguchi e Iván Castillo, porque jugamos desde
hace bastante tiempo juntos, pero luego con todos me llevo bien, con
Alex, con Sartori... No quisiera ser injusto con nadie.
—¿Qué
puedes decir de los entrenadores que tuviste?
—Si tengo que acordarme de uno, el que más me ha marcado
fue el primer técnico en mi carrera, el de la selección
de mi pueblo, que se llama Gabino, a quien siempre veo cada vez que
voy. Él fue mi primer técnico del Club Veléz
Sarfield del barrio de Ibarreta. De él no me voy a olvidar,
de ahí para adelante, todos me marcaron, para qué, de
todos he aprendido algo.
—De
Maradona, con quien estuviste en el Mandiyú, ¿qué
rescatas?
—La sencillez que tiene, es increíble. La persona que
lo llega a conocer se da cuenta al tiro, es todo lo contrario de lo
que se dice de él.
—¿Era
tu ídolo?
—No, porque jugó en Boca Juniors, y yo siempre he sido
fanático de River Plate, entonces no me iba a agarrar el ídolo
del rival; pero luego, cuando lo conocí en Mandiyú,
me demostró que es una excelente persona, la humildad que tiene
es para sacarse el sombrero. Una persona que tiene la fama que tiene
Maradona, que vos le mires tirado en su cama y que le pidas una foto
para los parientes que te fueron a visitar, y que él se levante
sin poner excusas, es destacable. No hay comparación, porque
he visto jugadores que no tienen tanta fama y se hacen los lindos.
A mí me sorprendió la sencillez con que Maradona te
habla y lo amigo que se te hace.
—¿Y
Azkargorta?
—También tengo un buen recuerdo de Xabier, lo mismo que
de “Zorro” Rivero, Ciro Medrano, Cajeta Justiniano (gente
de “Tahuichi”). No te olvides que con “Zorro”
Rivero nos clasificamos al Mundial, por eso siempre digo que yo jugué
dos mundiales, no uno.
—¿Qué
va a ser de tu futuro?, ¿cuántos años más
quieres jugar?
—Hasta donde me den las piernas, luego esto se acaba y no hay
nada más que hacer. Hasta donde pueda rendir y tenga fuerzas,
y hasta cuando vea que sigo divirtiéndome.
—¿No
te das un margen de tiempo?
—Yo hablaba con un técnico, Cayetano Re, que fue entrenador
de la selección paraguaya y a quien tuve en Cerro Porteño,
en torno a este tema, y él coincidía conmigo. Que una
persona que ha jugado en el Barcelona de España te diga que
para él la edad no existe es algo que me ha marcado. Él
jugó hasta cuando lo corrieron. Lo mismo voy a hacer yo (sonríe),
o por lo menos hasta cuando no consiga equipo, te repito que será
hasta donde me den las piernas. A veces me pongo a pensar y digo “quisiera
jugar hasta los cuarenta o cuarenta y cinco años”, y
creo que si se puede no hay problema. Después seguiré
ligado al fútbol.
—¿Como
técnico?
—Como técnico. Ya tuve mi experiencia el año pasado
con Sandro (Coelho) (cuando se pusieron al mando de The Strongest
por unos días), nos fue bien ¿no?, terminamos invictos
(se ríe).
—¿Con
lo que has ganado en el fútbol puedes vivir tranquilo el resto
de tu vida?
—Creo que cualquier jugador, si cuida su plata, si invierte,
puede vivir tranquilo. Porque yo conozco a futbolistas que han ganado
millones y han quedado en la miseria. Y otros que han ganado lo justo
viven tranquilos y tienen su vida asegurada.
—¿En
el caso tuyo?
—En mi caso tengo para vivir tranquilo, pero si mi plata no
la cuido... y me la farreo, en dos patadas no voy a tener más.
Por eso pienso que tengo que ser más equilibrado; si bien no
conozco mucho de negocios, no sé lo que es invertir, pero tengo
todo guardado en inmuebles. Tal vez el día que me vaya voy
a alquilar mis bienes y vivo tranquilo, pero tampoco puedo pensar
así. Lo bueno es que por el momento sólo pienso jugar
al fútbol; luego, Dios dirá.
—Este
domingo cumples treinta y cuatro años, ¿vas a hacer
algo especial?
—Ni se me pasa por la cabeza la edad, a pesar de que soy el
más viejo de la Selección Nacional. Me dicen mis amigos
que voy a cumplir treinta y cuatro, pero de espíritu ando por
los quince, porque soy jodido todo el tiempo. Quizás soy aburrido
en la cancha, a veces piensan que por lo que reniego soy así
afuera, nada que ver, están equivocados y más bien paro
hinchando, eso creo que mis amigos valoran porque nunca estoy aburrido.
—¿Le
tienes miedo a la muerte?
—Es parte de la vida, ¿no? Ni se me pasó por la
cabeza, ojalá que cuando llegue ni me entere.
—¿Como
quisieras que te recuerden?
—Como una persona que dio todo por el fútbol y no le
hizo daño a nadie, porque a veces me tildaron de todo, y yo
no hice nada contra nadie. Lo que pasó con The Strongest, por
ejemplo (impugnaciones contra el club por sus actuaciones supuestamente
antirreglamentarias); lo único que hice fue cumplir con mi
obligación: el club me paga para jugar y yo juego.
—¿Es
verdad que recibiste amenazas de muerte?
—Me llamaron y me insultarom, incluso me dejaron una esquela.
Por ahí era gente que me quería poner mal. Ahora tengo
miedo de salir, porque no sé con qué me encontraré
a mi paso.
Cristaldo
en primera persona...
¿Tu
música preferida?: “A nivel de música te
puedo escuchar desde el bolero más romántico hasta el
rock más pesado y lo disfruto de la misma manera. Te puedo nombrar
a Armando Manzanero y Marilyn Manson, los dos me gustan y los disfruto.
Con los ritmos pasa lo mismo, con una cumbia, una chacarera, una saya,
un taquirari. Los disfruto, no me cierro en un estilo de música”.
Tus
hobbies: “Me gusta mucho grabar música, me gustan
las series de televisión; en realidad me gusta mucho la TV. El
control es de mi propiedad y por suerte mi mujer no me pone reparos”.
¿Bebes?:
“A veces, cuando tengo tiempo, disfruto y me tomo mi cerveza.
De todos los tragos con alcohol es lo único que me gusta”.
—¿En exceso? “Depende... si estoy en una fiesta de
fin de año tomo, tampoco para caerme, pero para estar alegrón,
festejar, bailar y saltar, también lo hago, no soy ningún
santo. No tengo fama de borracho, pero las veces que me han agarrado,
he tenido problemas que me han marcado. Por ahí he tenido un
día libre y he tenido problemas con autoridades, pero siempre
en mi día de vacaciones. Tampoco soy de tomar todos los días,
chupar antes de un partido, eso nunca lo hice ni lo haré. Uno
es ser humano y necesita cosas como ésta”.
¿Vas
al cine?: “Me encanta ir al cine, lo que más me
gusta es sentarme con mi Coca-Cola y las palomitas de maíz, como
dice el Chavo, y mirar la película. No tengo preferencias, me
gustan de todo tipo, pero lo que me ha marcado es la Lista de Schindler;
luego he visto tantas películas de acción, comedias...
lo que sí no me gusta mucho son las películas de terror,
la vida es bastante terrorífica para ponerle más condimento”.
¿Lees?:
“Libros no, sí historietas; los libros no me gustan porque
no tienen figuras”.
¿Qué
comida te gusta?: “El tallarín con pollo o carne. Luego
como todo, me gusta el majao, el chairo que hacen aquí, la sopa
de maní que hacen en Cochabamba es espectactular. Luego, el bife
con huevo, ésa es una delicia de mi pueblo”.
Un gaucho que vino a Bolivia a sus 15
años y nunca más se fue
Motivado
por la presencia en Santa Cruz de su tío Ramón y de su
hermano del mismo nombre, Luis Héctor vino a Bolivia cuando tenía
15 años, “y no me moví más”.
“Vine
a visitar a ambos, que estaban en Santa Cruz. Tenía que seguir
estudiando en mi pueblo, no tenía planeado quedarme, pero mi
cuñado, José Roca, me ofreció llevarme a la Academia
“Tahuichi” en un curso de verano; fue más que todo
para pasar el tiempo, ya que no hacía nada.
Como
a mí siempre me gustó el fútbol, ingresé
allí sin mayores problemas”.
Un
profesor de la “Tahuichi”, al ver sus condiciones, le otorgó
una beca al igual que a otros cinco chicos. “Pero yo le dije que
le dé la beca a otro jugador, porque estaba de paso. Parece que
el técnico le habló al Presidente de la ‘Tahuichi’,
luego me ofrecieron pagarme los estudios, la escuela, todo, y me quedé.
Ahí fue cuando se inició todo”.
Cuando tenía 18 años debutó a nivel profesional
en Oriente Petrolero ante Destroyers. En esa oportunidad, el “Verdolaga”
le ganó al “Canario” 1-0, con un centro suyo que
Arturo García empalmó y anotó.
Un
buen ejemplo a seguir, Cristaldo fue un excelente alumno
Luis
Cristaldo salió bachiller del Colegio Latinoamericano. Le hubiera
gustado estudiar arquitectura, pero se dedicó por completo a
jugar.
“No
paré de concentrarme, de jugar. Creo que hay tiempo para estudiar,
pero a veces uno es un poco dejado. Reconozco que siempre quise jugar
más que estudiar, si bien pude haber estudiado y haberme recibido
en cualquier profesión, pero no lo hice”, asegura.
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