¿
QUE PASARÍA
SI MADRID SE
QUEDARA SIN
INMIGRANTES?
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*
Antonio Jiménez
Barca.
Madrid
¿Qué
pasaría si
de la noche a la mañana
desaparecieran en
Madrid los inmigrantes
que viven en esta
comunidad? En 1980
eran 30.500. Hace
15 años, 4
61.500. Pero ahora
son casi : 800.000.
La inmensa mayoría
reside en la capital
y en su corona metropolitana.
. - No todos están
regularizados.
Para los que no tienen
papeles, el lunes 7
de febrero, es un día
especial: se abre el
plazo para lograr el
permiso de residencia
si demuestran que tienen
un contrato de trabajo
y están empadronados
antes de agosto. Todos,
regulares y irregulares,
forman un colectivo
que se ha hecho imprescindible:
cuidan enfermos, son
mensajeros, camareros,
levantan edificios…
Sin ellos, la capital
no funcionaría.
Lo que sigue es un intento
de reconstruir una hipotética
jornada de caos. La
de un día laborable
sin inmigrantes.
Tres
de la mañana.
Alarma- en Mercamadrid.
La
fruta llega de todo
el mundo a esta mega
despensa del tamaño
de una ciudad, pero
hoy no hay suficientes
brazos para bajarla
de los camiones y apilarla
en los puestos. Tampoco
para servirla a su vez
a las furgonetas de
las fruterías,
de los supermercados
o de las contratas ~
de los colegios que
se encargan, ya de amanecida,
de repartirla y ‘
ponerla al alcance de
los compradores. De
1.800 hombres cuyo trabajo
es cargar fruta en Mercamadrid,
a razón de 1.000
euros al mes, falta
casi la mitad. Todos
inmigrantes. Algo parecido,
aunque de menor gravedad,
ocurre en el hangar
del pescado, donde,
por cierto, la semana
pasada, a causa v del
frío, tuvieron
que sumergir el marisco
en cubetas de agua porque
se helaba al aire de
la nave. Hoy faltan
más de 150 hombres:
de Europa del este,
de África, de
Latinoamérica.
Adam Dziaduch, polaco
de 41 años, es
uno de los , más
veteranos y de los más
fuertes. Viste ropas
de escalador para soportar
el frío y cubre
su cabeza rapada con
una gorra de béisbol
de lana. Lleva más
de 10 años estibando
pescado.
Siete
de la mañana.
Un barrio entero con
basura.
Mientras
en Mercamadrid cunde
la alarma, los residentes
de un barrio de Chamberí
encuentran basura en
los portales. La empresa
en la que trabaja Somalia
Pujals, de Santo Domingo,
no ha podido funcionar:
e1100% de su plantilla,
sus 40 trabajadores
son dominicanos y marroquíes
se encargan de sacar
los cubos de basura,
de limpiar los portales.
“Yo sola me hago
12 al día",
comenta Pujals, que
tiene 31 años
y lleva cinco en España.
Por toda la región
hay oficinas llenas
de basura, vestíbulos
sucios, empresas, ambulatorios,
clases de universidad
cuajadas de desperdicios…
Sólo en la Comunidad
- de Madrid hay más
de 38.000 trabajadores
inmigrantes con papeles
que se ocupan de limpiar.
Ocho
de la mañana,
La construcción
se paraliza.
El
colapso se extiende.
La construcción
e paraliza. Se ha volatilizado
un ejército de
50.000 personas (más
de 100.000 si se cuentan
los irregulares), todos
inmigrantes, que mantienen
vivo este sector. No
hay entre ellos arquitectos,
ni casi oficiales de
segunda, ni encargados.
Son peones. El 90% de
todos los peones que
trabajan en la región
son inmigrantes, según
Comisiones Obreras.
Cargan escombros, limpian
el terreno, acarrean
materiales o vallan
los perímetros.
Es una tarea sencilla,
pero dura. E importante.
Sin ellos no avanzan
las obras. El martes
pasado, en un polígono
industrial de Coslada,
30 trabajadores tomaban
el bocadillo: Cola-cao,
platos de carne, frijoles…
Todos son ecuatorianos
y marroquíes.
Todos cobran 840 euros
al mes. Empiezan a las
ocho. Acaban a las seis.
“Yo era mecánico
de aviación en
Ecuador. Y no renuncio
a volver a serlo",
aseguraba, mientras
comía, Marcos
Jaramillo, de 39 años.
Desde los 33 es peón
en España. “Las
empresas sólo
quieren peones",
se queja Johnny Molla,
de 28 años. Desde
los 23 está en
España. A su
lado, un veterano sindicalista
de CC 00, Matías
Martínez, intentaba
convencerles para que
crearan un comité
de empresa: “Es
como volver a los años
setenta".
Diez
de la mañana.
La marea alcanza a los
despachos.
A
esas alturas, la alarma
ya ha llegada a los
más importantes
despachos de la ciudad.
Porque sin inmigrantes,
no sólo se paraliza
la construcción
de viviendas. También
se que- v dan sin manos,
entre otras, la reforma
del Estadio Olímpico
(piedra angular de 2012),
la ampliación
del metro (promesa de
la presidenta regional,
Esperanza Aguirre) o
el enterramiento y mejora
de parte de la M-30
(proyecto estrella del
alcalde, Alberto Ruiz
Gallardón). En
uno de los tramos de
esta última,
en la plaza del Conde
de Casal, trabajaba
el miércoles
un batallón de
nigerianos y guineanos
especializados en trenzar
estructuras de hierro
para que sujeten el
hormigón. Y cerca
de ellos, cuatro bolivianos
y cuatro ecuatorianos
se ocupaban de soldar
estructuras metálicas.
Uno de ellos, Abel Montesinos,
de 38 años, confirma:
“Aquí no
hay españoles.
Será por el sueldo.
Y al que pide alza en
la paga, igual lo ponen
en la calle". Toda
su familia está
aquí. Su mujer
cuida niños.
Su cuñada, enfermos.
Mediodía.
No llegan los recados.
Para
aumentar el caos, hay
documentos que se remiten
y no llegan, paquetes
que no alcanzan su destino.
Los inmigrantes también
copan el sector de la
mensajería. Sobre
todo los que se desplazan
en ciclomotor (los que
tienen furgonetas son
españoles). En
la empresa MRW en su
sucursal de Sáinz
de Baranda, por ejemplo,
de 125 trabajadores,
12 son inmigrantes.
Cada uno de ellos hace
30 viajes al día.
No es raro que tengan
que transportar de urgencia
material quirúrgico
a hospitales o piezas
dentales a dentistas
que las precisan en
ese momento. Hoy todo
tiene que esperar.
Tres
de la tarde. No se come.
En
cada establecimiento
de la cadena Vips trabajan
de media 15 cocineros
por turno. Sólo
tres son españoles.
Los restaurantes, hoteles
y cafeterías
de Madrid se han quedado
sin personal. Unos 30.000
inmigrantes con papeles
trabajan en ellos en
Madrid. María
del Carmen, dominicana
de 30 años, se
encarga de hacer paellas,
junto con otros cuatro
compatriotas, en una
arrocería del
centro. “Habría
camareros para servir,
pero ¿quién
iba ‘a hacer la
comida si : faltásemos?",
se pregunta.
Cinco
de la tarde. ¿Quién
recoge a los niños?
Y
sin embargo, la comida
puede esperar. Hay cuestiones
más importantes
que atender. A lo largo
de la jornada, 28.000
empleadas del hogar
con permiso de trabajo
(UGT calcula que con
las irregulares llegan
a 100.000) no se han
presentado. Esto se
traduce en 100.000 problemas
multiplicándose
exponencialmente. Basta
fijarse en un caso:
Adelaida Vargas, de
Bolivia, de 32 años,
llega a las nueve menos
cuarto a una vivienda
del barrio del Retiro:
Allí se ocupa
del más pequeño,
Ignacio, de seis meses,
mientras el padre lleva
al colegio a los dos
mayores (de tres y dos
años). Gracias
a que Adelaida se queda
con el más pequeño
y va a buscar a los
otros dos al I: colegio
a las 17.00, el padre
puede trabajar en una
central telefónica
y la madre, en una compañía
de seguros. Hoy, como
Adelaida no está,
alguno (o los dos),
habrá faltado
al trabajo, con lo que
su tarea habrá
quedado sin hacer…,
y así hasta el
infinito.
Medianoche.
Los sueños tranquilos.
La
pesadilla termina. Pronto
se levantarán
los de Mercamadrid.
Existen. Las decenas
de miles de inmigrantes
que cuidan enfermos
por la noche, como la
cuñada del soldador
Abel Montesinos, también
existen y van a ir a
trabajar. Como existe
Elisabeth Aguilera,
boliviana de 28 años.
Ella se encargará
de vigilar el sueño
y de comprobar que no
tiene fiebre por la
noche la anciana de
82 años con la
que vive.
Lo que demostraría
que los 800.000 extanjeros
instalados en la capital
en los últimos
10 años, son
imperscidibles para
la vida contidiana de
la ciudad.
Según
datos de la Oficina
Regional para la Inmigración
de la Comunidad de Madrid,
los argentinos ocupamos,
el 7º lugar entre
las colonias de inmigrantes,
con 20.699 compatriotas.
Nos preceden en importancia
numérica: Ecuador
con 175.515; Colombia
con 71.693, Maruecos
61.108, Rumania con
55.208 y Perú
con 36782. Detrás
nuestros colectivos
de China, Bulgaria,
Polonia, Bolivia, Ucrania,
Italia, Francia y otros
de menor importancia.
En el año 2004,
ocupamos el 3er. lugar
en crecimiento. Nos
preceden Bolivia y Bulgaria.
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